La tarara

 

No levanta una cuarta del suelo. Metro y medio mal medido. Entrada en años y en carnes, embutida en una faja, sostén bien tieso y pa’lante. Y bajo la falda de volantes con raja hasta lo innombrable, unas medias de rejilla de esas que te hacen las piernas que no tienes.

Sigue siendo el terror de los hombres, con su melena larga y rubia de tacto pajizo por los tintes de tantos años y sus tirabuzones al viento que aún recuerdan a los de la niña prodigio que fue. Bailarina y bailaora en los mejores tablaos de Barcelona. Y es que no era una vedette cualquiera, era una de las de verdad, de las buenas, de las de T marcada y E bien alta al final. Cuando llegó a mocita dejó las tablas, que ‘la farándula no es para las chicas decentes’ y girando, girando, llegó la rueda y cada uno en su sitio y el tablao pa quien lo gana.

Y en las pistas de baile los señores se la rifan y ella no quiere ninguno, que huelen a viejo dice. Y sólo quiere bailar lo que no bailó, lo que no le dejaron. ¡Y que se aparten los babosos aunque sean elegantes galanes y ella les saque veinte años! Que a ciertas edades un buen magreo no te digo yo que no, pero tú en tu casa y yo en la mía que bajarse la faja nena, eso da mucha pereza.

Naiara H.

Deja un comentario