La sombra en la iluminación escénica

the-game-of-light_350pxEl arquitecto de principios del siglo XX Le Corbusier, dijo que  “La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz”.  A partir de entonces, empecé a fijarme detenidamente en el abanico de posibilidades que la luz aporta a las figuras geométricas y a los volúmenes. La rotundidad de una sombra marcada, la estilización de un atardecer, la veladura de un día nublado, el intrincado nudo de sombras de las farolas y los árboles, cada imagen toma un cariz diferente según la luz con la que se ilumine.

 

 

 

 

La relación de la luz con todo lo que nos rodea y su manera de cambiar las figuras es asombrosa. Posee la cualidad de embellecer lo más corriente y desfigurar lo más hermoso hasta el punto de hacerlo desaparecer. Pero todo esto no es debido a la luz en sí, sino más bien a su repercusión en los lugares donde no alcanza a llegar completamente, o lo que es lo mismo, a la sombra.

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Fotograma de Nosferatu (1922)

Las sombras, tanto las propias de cada objeto como las que proyecta sobre una superficie, dotan de vida y de emoción a las imágenes que nos rodean. Un mundo sin sombras sería plano y aburrido. Las sombras, por lo tanto, deben estar presentes en la vida y en el arte. Y el arte de representar la vida lo podemos escenificar a través del teatro.

 

 

 

Es en el diseño de espacios e iluminaciones escénicas donde he encontrado el lugar perfecto para entender realmente el significado de la expresión “volúmenes bajo la luz”, que también podríamos llamar “volúmenes para las sombras”.

Generalmente cuando se piensa en la iluminación de una obra de teatro, se ve como un conjunto de luces que puede ser más general o más específico con más o menos juegos lumínicos o colores, donde se tiende a distinguir entre zonas iluminadas, zonas oscuras y zonas en penumbra, o claroscuros. En este mundo que se recrea sobre el escenario no suelen tener cabida las sombras que en la vida real acompañan día a día a todo espacio, persona u objeto. Mientras en otras artes como la pintura, la escultura o sobre todo, la fotografía, han estado presentes en su desarrollo y evolución, e incluso han servido de ayuda e inspiración; en el teatro, con frecuencia los condicionamientos técnicos han limitado a la categoría de excepción los casos en los que la sombra como tal, juega un papel importante. No obstante, con la concepción actual del teatro y su desarrollo estrechamente ligado al resto de disciplinas artísticas, se está experimentando cada vez más con ellas; hecho éste que se ha visto facilitado por el gran desarrollo y variedad instrumental de los sistemas de iluminación.

De esta forma nos encontramos que a lo largo de la historia se han redactado numerosos tratados sobre la luz y su uso en escena, sin embargo, hasta que el escenógrafo Adolphe Appia no comienza a estudiar las posibilidades de los volúmenes en escena y cómo repercute en ellos la luz, poca era la preocupación por el valor plástico y estético de las sombras.

 

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Espacio rítmico
Adolphe Appia
1909

Aun habiendo pasado más de un siglo desde que se comienza a reconocer la contribución expresiva de este escenógrafo a las artes escénicas, los estudios sobre éstas se han desarrollado muy poco y generalmente como un apartado dentro de la luz, pero sin consistencia propia.

Desde las vanguardias en el siglo XX se ha tendido a considerar la obra de arte total, la unificación de todas las disciplinas artísticas. Todas ellas pueden tener cabida en el escenario, atendiendo a su parte más dramática y trabajando conjuntamente en beneficio de la obra teatral. El teatro actual, debería primar de igual manera la parte estética y plástica, la dramática y la narrativa.

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Les Bosquets
Cia: New York City Ballet Jr
2014
E.E.U.U.

Pero cada arte escénica es un mundo, por ejemplo, en una representación de danza, lo que prima son los cuerpos, su movimiento y lo que éstos trasmiten a los espectadores. Para el teatro físico y de movimiento se podrían usar técnicas de iluminación similares, pero al ser teatro, siempre perseguirán el adquirir un cariz más particular que intensifique la dramaturgia de todos los elementos que intervienen en la puesta de escena en cada caso. Para una iluminación teatral, con frecuencia nos encontramos con el condicionamiento de ser necesario incidir especialmente en la correcta apreciación de las caras de los actores que son las que aportan mayor expresividad al montaje.

En el caso de los conciertos, por otra parte, varía sustancialmente el modo de iluminar dependiendo del tipo de evento y del lugar donde se desarrolle. Desde las más simples en las que lo importante es permitir una visión clara de las partituras y del director como sucede con la música de cámara donde se busca un ambiente acogedor para que el público pueda concentrarse enteramente en la música, hasta una iluminación más agresiva, con destellos hacia el público y pantallas de LEDs, que dote de mucho movimiento y energía al espectáculo como podrían ser las de los conciertos de rock o de pop en grandes estadios multitudinarios.

En el teatro de texto en cambio, la iluminación debe aportar la atmósfera necesaria en cada momento según los diferentes contenidos de cada escena, contribuyendo a elevar o rebajar la tensión dramática y a captar la atención del público sobre el o los elementos que lo requieran. También es cierto que dentro de este apartado, hay un rango incalculable de posibilidades lumínicas, desde las iluminaciones “invisibles” que no intervienen en la dramaturgia y que el público percibe sin ser plenamente consciente de ello; hasta las más expresivas y puntuales que funcionan en escena como un actor más.

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Otello Dirección y escenografía : Paco Azorín
Iluminación: Albert Faura
2015 España

No hay que olvidar tampoco, que el teatro como tal, mueve un menor volumen de dinero y por ende de medios técnicos, que otros formatos como los musicales o la ópera y esto, junto con otras muchas causas, hace que la iluminación a veces no pueda formar parte activa del montaje, conviviendo y nutriéndose uno de otro desde los primeros esbozos dramáticos. Además generalmente, las piezas teatrales se mueven de gira haciendo uno o dos bolos por ciudad, lo que dificulta en gran medida un despliegue de efectos y de iluminaciones muy puntuales y concretas. A los ojos del espectador, cada vez se empieza a apreciar más esta unión de iluminación y dramaturgia, de expresividad de la luz en el montaje. Empieza a ser habitual, o al menos no excepcional, que aparezcan sombras intencionadas en el escenario, en los practicables, o en los paños de fondo. Las iluminaciones cada vez se integran más en los espectáculos y el público aprende a apreciarlas porque una buena iluminación puede no verse, pero una mala iluminación siempre se nota y a menudo es la razón por la que al espectador le cuesta entrar en la obra.

Naiara H.

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