LA SOMBRA EN LA ILUMINACIÓN: La percepción emocional de las sombras I

Ya sabemos que iluminar no es lo mismo que alumbrar. Cuando se trata de poner luz a una pieza, una escena, una figura, etc, no sólo estamos haciendo  que el espectador pueda ver aquello que hemos creado, si no que le estamos indicando ya desde ese punto de luz, la intención con la que queremos que lo vea y que lo perciba. Por medio de la luz y de las sombras podemos influir en las emociones y crear distintas atmósferas para un mismo elemento.

En este artículo comenzaré a adentrarme en algunas de éstas emociones vinculadas a las sombras, cómo se pueden usar, qué factores culturales influyen en nuestra percepción de éstos elementos, cómo se interpretan o han interpretado en otras culturas, etcétera.

LA PERCEPCIÓN EMOCIONAL DE LAS SOMBRAS I

Sin olvidar los factores físicos, inherentes al individuo, que siempre deben ser tenidos en cuenta, serán los factores psíquicos y culturales los que hacen que un público se emocione y determinarán en gran medida la iluminación.

En muchas culturas, la sombra encarna la fuerza oculta o espiritual de las cosas, su aura. La sombra equivale a la magia, a los sueños, al subconsciente, a la muerte, al más allá, al alma, al espíritu… Sus formas inestables y siempre cambiantes son una invitación al juego imaginativo y creativo, una constante estimulación de la fantasía.

La danza de la sombra
Samuel van Hoogstraten
Rotterdam
1678

Es por ello que las sombras representan historias con una fuerte carga fantástica, por sus posibilidades de insinuar sin dejar ver, de deformar la realidad y dotarla de unas características que en otros medios sería difícil de conseguir. La sombra nos traslada a un mundo informe, no creado, en donde se reflejan nuestras pasiones, nuestros miedos, nuestras divisiones interiores.

En el primer diccionario de la lengua francesa se definió la sombra de esta manera:

“SOMBRA: se toma por enemigo quimérico. ¿Combatimos a nuestra propia sombra? Se dice de nuestras sospechas y de nuestros pensamientos.” (Furetìere, 1727)

El hombre piensa que la sombra (su otro yo) fue testigo de sus maldades. Quiere reducirla al silencio, pero al hacerlo se da cuenta de que el otro es “él mismo”. La sombra es una proyección de la persona sin ser ella misma y que no existe sin una figura asociada. No es tangible por si misma pero es deformable desde su objeto y su fuente de luz. Es por esto que a menudo se le han atribuido metafóricamente funciones del subconsciente y del deseo. Es la proyección del ser humano que le sigue allá donde va sin que el individuo pueda hacer nada para evitarlo. Es parte de la persona, tiene su esencia, sus movimientos y su silueta, pero no puede manejarla, por lo que se le ha atribuido un lado oscuro, desconocido, revelador. Por el contrario, la luz se ha tomado en la historia como algo bueno y positivo. Dar a luz o alumbrar se entiende como dar la vida mientras que estar a la sombra, se atribuye a estar recluido y oculto.

Fotograma de Peter Pan (1953)

 

La sombra es al fin y al cabo una duplicación del objeto o la persona en un plano bidimensional. Según Otto Rank, el “doble” nos asegura la pervivencia frente a la destrucción del yo, por lo tanto, la sombra utilizada como envase del alma, sería el símbolo de la inmortalidad. No obstante, también se ve como una sustitución. Una vez que la silueta capta el alma, ya no es preciso el original. Esta rama lleva a la demonización de la sombra, y es la que la representación occidental explotará al máximo para visualizar lo negativo.

La sombra tiene también un carácter especial que hace que se haya asociado en múltiples ocasiones y de diferentes maneras, con la muerte. Representa de una forma u otra el alma como ente separable del cuerpo y capaz de sobrevivirlo.

Naiara H.

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